Los cursos universitarios usuales
buscan el nivel medio de los estudiantes y no pueden
exigir a cada estudiante hacer su máximo esfuerzo y
llegar a su nivel personal óptimo en matemáticas.
La participación en la Olimpiada
invita a cada estudiante a prepararse y realizar
plenamente sus capacidades.
Muestra, tal como ha sucedido en
niveles preuniversitarios, que metas más ambiciosas sí
están al alcance de un gran número de estudiantes,
impactando así en una enseñanza universitaria mejor
proyectada.
El pensamiento autónomo y
creativo es característica esencial del investigador.
La Olimpiada abre nuevos
horizontes mostrando nuevas contextos de aplicación de
argumentos conocidos y nuevas maneras de combinar y
transformar ideas.
Es, por tanto, un medio de
formación de investigadores que complementa la
preparación en el salón de clase de la futura comunidad
científica del país.